¡Apuesta pesimista!

0
6
Comparte esto:

El pensamiento pesimista posee una ancla histórica, esencialmente articulado por excelsos pensadores que, fundamentados en su inigualable nivel de erudición, desdeñaron la apuesta de un país en los rieles del desarrollo.

Escrito Por: Guido Gómez Mazara

El pensamiento pesimista posee una ancla histórica, esencialmente articulado por excelsos pensadores que, fundamentados en su inigualable nivel de erudición, desdeñaron la apuesta de un país en los rieles del desarrollo. Desde José Ramón López hasta una buena parte de las élites intelectuales, la concepción inalcanzable o inviable ha servido de sello distintivo y guía para enfatizar en las taras sin apostar a nuestras virtudes. Siglos han pasado, y un justo balance nos coloca en posiciones de incuestionables avances, casi siempre ignoradas por franjas de la sociedad asociadas a la tesis del descalabro como fuente de ventajas electorales. En los últimos sesenta años, tomando de referencia las elecciones de junio de 1966, la ciudadanía puede testimoniar ámbitos específicos de un desarrollo visibilizado por los organismos internacionales, entidades crediticias y observación social, en capacidad de bien posicionarnos, elevándonos a niveles de respetabilidad. La madurez democrática, el desarrollo económico, la justicia social, la reducción de la pobreza, la ocupación laboral, la fortaleza institucional, entre otros, representan banderas de enorme utilidad para desmontar los reiterados intentos de desconocer logros y avances. Un elemental ejercicio de comparación podría alentar una mirada singular respecto de países cercanos, en grandes dificultades y erosionada su institucionalidad. Pero no consuela: mal de muchos, consuelo de tontos. Tornarse en vocero del descalabro sin alentar la fe en un mejor porvenir es propio de franjas desquiciadas y fatalmente conducidas por la altísima dosis pesimista. Criticar, cuestionar y disentir constituyen una necesaria carga de validez y contrapeso para los gobernantes. Ahora bien, no acompañar las impugnaciones con propuestas de solución las inscribe en la clásica lógica de las generalizaciones que hacen daño porque no saben reconocer cuotas de acierto. Desgraciadamente, el discurso electoralista y el modo de actuación de un alto porcentaje de los miembros del bestiario político no dejan margen para advertir la fatal tendencia a que, al no reconocer virtudes en los adversarios, se dinamiten las bases de un modelo que, con sus imperfecciones, sirve de materia prima a las conquistas alcanzadas. Ojalá la apuesta pesimista no termine derrotándonos y sirviéndole a causas y personajes con frustraciones acumuladas, uniformados de vengadores que terminan multiplicando las miserias que dicen combatir.

Aunque las culpas, muchas y de todos, parezca interminables, hay avances que no son relato y rumbos que no conviene erosionar.

Fuente: Hoy