Escrito Por: Pablo McKinney
Prácticamente, todos los ciudadanos que circulan por las calles de Santo Domingo han sido víctimas (ellos o los suyos) del caos y la arrabalización del transito. Sólo que esta vez, el drama fue mayor y con video incluido.
La ejecución de Deivy Abreu, en manos de una horda de motociclistas psicópatas, tiene muchos culpables. Co-responsables son los últimos cinco gobiernos que han visto agravarse la situación y no han sido capaces de frenar estas bandas sublevadas que, según datos oficiales, en un 99 por ciento de los casos circulan de manera ilegal.
Son muchos y violentos los motoristas, quizás por eso, cuando uno pide explicación a los políticos/funcionarios, estos justifican su inacción, con el débil argumento de que estos tipos son “padres de familia”, como si Deivy Abreu, Ud. y yo, fuésemos hijos de la gran…. parada de Baní.
Este cadáver pertenece a un cuartel de Policía que, insolidario, no quiso escuchar los ruegos de la víctima; de tantos voyeristas de la sangre, que en vez de llamar al 9-1-1 prefirieron grabar la ejecución. Pero el asunto es más grave, pues si el actual gobierno, por no perder popularidad ante estas hordas motorizadas, se niega a aplicar la ley, tampoco existe la posibilidad de que, quien lo sustituya en 2028 vaya a hacerlo, a partir del apoyo que estas bandas (y otras de conchos y voladoras) han recibido siempre del resto de nuestra partidocracia reinante, ahora en la oposición.
Con Deivy Abreu se va muriendo una sociedad que, presa del tecno-feudalismo (Y. Varoufakis) y del neoliberalismo del egoísmo, optó por enterrar lo comunitario, el nosotros, y mandó a parir la solidaridad, el amor y el respeto al otro. Durante años, entre todos fuimos creando el monstruo, convencidos de que esas bandas sólo actuarían fuera del polígono central de Santo Domingo o Santiago. Ahora, el monstruo tocó la puerta, bajó a lo claro y llamó a la muerte.
A ver si ahora, la indignación general logra el milagro de que Policía/ INTRANT/ DIGESETT, y hasta la CIA, bendecidos por la María Magdalena y sus dones, se decide a aplicar las leyes a todos, incluidos estos psicópatas de dos ruedas.
La calle es una selva tomada por los monstruos que la arrabalización institucional, la politiquería y el clientelismo político de los últimos 30 años han creado… y llega el invierno. Perdón, quise decir, la sangre.

