Cuando la calle sustituye al Estado

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Escrito Por: Margarita Cedeño

La violencia cotidiana en la República Dominicana no siempre nace de grandes conflictos estructurales. Muchas veces emerge de lo pequeño, de lo aparentemente trivial, de un roce, una imprudencia o un malentendido. Lamentablemente, muchos de estos pequeños incidentes obtienen una respuesta que genera violencia desmedida, como sucedió en el reciente caso en Santiago, donde un chofer de camión perdió la vida tras un altercado menor con un grupo de motociclistas. Esto no es un hecho que se pueda considerar aislado, por el contrario, es un síntoma muy preocupante de la presencia de la ley de la selva y de la ausencia de cultura ciudadana.

La cultura ciudadana, entendida como el conjunto de normas informales, valores compartidos y comportamientos que permiten la convivencia pacífica, es el tejido invisible que sostiene el orden social. No se impone por decreto ni se garantiza únicamente con leyes. Se construye en la práctica diaria, en la forma en que los individuos reaccionan ante el conflicto, en su capacidad de autocontrol y, sobre todo, en su disposición a reconocer al otro como un igual con derechos.

Cuando esa cultura falla, lo que emerge es la ley del más fuerte, como en el caso de Santiago, donde el punto de quiebre no fue el incidente de tránsito, sino la decisión colectiva de escalar el conflicto hasta la muerte. Lo que pudo resolverse con una discusión amigable, o incluso con la intervención de una autoridad, degeneró en una acción violenta de grupo.

La turba diluye la responsabilidad individual. En grupo, el umbral moral baja. Lo que una persona difícilmente haría sola se vuelve posible cuando la acción se comparte, se justifica y se amplifica colectivamente. Este fenómeno, ampliamente estudiado en psicología social, encuentra terreno fértil en sociedades donde la institucionalidad es débil o percibida como ausente.

Pero sería un error reducir el problema únicamente a la falta de autoridad. La cultura ciudadana también implica autocontención. Implica reconocer que no todo conflicto debe escalarse, que no toda ofensa requiere respuesta, y que la violencia nunca puede ser el mecanismo de resolución.

Este tipo de episodios también refleja un problema de incentivos sociales. En ausencia de sanción efectiva, la violencia se normaliza. Cuando quienes participan en estos actos no enfrentan consecuencias claras y oportunas, el mensaje implícito es peligroso: actuar al margen de la ley puede salir gratis.

Sin embargo, la solución no pasa exclusivamente por endurecer penas. El enfoque debe ser más integral. La construcción de cultura ciudadana requiere políticas públicas sostenidas que integren educación cívica, campañas de sensibilización y, crucialmente, el ejemplo desde el liderazgo político y social. No se puede exigir comportamiento ciudadano en la base si en la cúspide se legitiman prácticas de confrontación, irrespeto o abuso.

En ciudades como Bogotá, el concepto de cultura ciudadana se utilizó como eje de transformación social, apelando a mecanismos pedagógicos, simbólicos y conductuales para modificar hábitos colectivos y fortalecer el sistema de normas morales. El resultado no fue inmediato, pero sí sostenido: menos violencia, mayor respeto por las normas y una ciudadanía más consciente de su rol en el orden público.

La República Dominicana necesita avanzar en esa dirección. Porque lo que está en juego no es solo la reducción de incidentes violentos, sino la calidad misma de la vida en sociedad. Una comunidad donde cualquier conflicto menor puede escalar hasta consecuencias fatales es una comunidad donde la incertidumbre domina, donde el miedo sustituye la confianza y donde el espacio público deja de ser un lugar de convivencia para convertirse en un terreno de riesgo visible y constante.

El caso de Santiago debe servir como punto de inflexión. No basta con indignarse ni con exigir justicia. Es imprescindible preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué comportamientos estamos tolerando. Hay que actuar ya o la ley de la selva se impondrá.

Fuente: Listin Diario