Escrito Por: Juan Ariel Jiménez
Cuando estalla una guerra a miles de kilómetros de distancia, mucha gente piensa que eso no tiene nada que ver con nosotros. Pero en un mundo conectado, los problemas de afuera terminan llegando al colmado de la esquina, al taller del barrio y al pequeño negocio familiar que lucha cada día por seguir abierto. Llegan en forma de cobros retrasados, insumos más caros, intereses altos y dificultades para pagar impuestos. Y cuando una micro o pequeña empresa cierra, no desaparece solo un negocio: se apaga un sueño, se pierde un empleo y se tambalea una familia.
Manejar una crisis como esta exige algo más que discursos tranquilizadores. Requiere un verdadero plan económico. Un plan que combine conocimiento técnico para tomar buenas decisiones a nivel nacional, pero también sensibilidad humana para entender la realidad de quienes viven del día a día. En pocas palabras: combinar la solidez técnica del análisis macro con la empatía necesaria para aterrizarlo en lo micro.
En mis dos artículos anteriores presenté ideas para proteger la canasta familiar. Hoy quiero concentrarme en otro pilar de nuestra economía: las MIPYMEs. Esos emprendedores, comerciantes y productores que, con mucho esfuerzo, generan empleos, mueven comunidades enteras y llevan sustento a sus hogares. El problema es que, en momentos como este, el sistema muchas veces no les permite resistir una crisis externa.
Porque no es lo mismo dirigir una economía dominada por grandes empresas que una República Dominicana donde buena parte del tejido productivo está compuesto por pequeños negocios que operan con márgenes estrechos y poco espacio para absorber golpes externos. Para muchos de ellos, una crisis no significa ganar menos: significa cerrar sus puertas.
La primera tarea del Estado debe ser aliviar cargas innecesarias. En tiempos extraordinarios no se puede tratar igual al negocio que apenas sobrevive que a la gran empresa con amplios recursos financieros. Por eso, es momento de revisar impuestos y cobros que asfixian al pequeño negocio.
El anticipo, por ejemplo, hace años debió reformarse profundamente. Y el impuesto derivado de la ley de residuos sólidos merece una revisión urgente, especialmente en casos donde pequeños negocios terminan pagando montos desproporcionados sin generar los desechos que se presume producen.
También debemos corregir una injusticia silenciosa: muchas empresas pagan ITBIS por ventas que todavía no han cobrado. Es decir, tributan sobre dinero que aún no ha entrado a su cuenta, algo que puede llevar a las MIPYMEs a la quiebra. Por eso, se debe iniciar el cobro del ITBIS a las MIPYMEs sobre lo efectivamente cobrado y no sobre lo simplemente facturado, al menos en las ventas realizadas al Estado. Esa sola medida mejoraría enormemente su flujo de caja, alinearía los impuestos con la realidad económica y aumentaría la competencia en las compras públicas.
Y es que ninguna política de apoyo a las MIPYMEs será realmente efectiva si el propio Estado sigue siendo uno de los principales generadores de mora en la economía.
Además, hay tres cambios relativamente sencillos al sistema impositivo que también podrían ayudar bastante. Cobrar el ITBIS trimestralmente en lugar de mensualmente haría ese pago más cónsono con el ritmo de cobro a los clientes. Asimismo, descontar de los activos las cuentas por cobrar al Estado dominicano para fines del cálculo del impuesto sobre los activos reduciría la carga de ese tributo. También se debería bajar de 5% a 3% las retenciones que se les realizan a los suplidores del Estado, pues difícilmente una MIPYME va a tener una utilidad de 5%, sobre todo en un año tan difícil como 2026.
De igual forma, en tiempos de crisis debe existir flexibilidad con intereses y recargos tributarios cobrados por la DGII y la TSS. No todo atraso nace de irresponsabilidad o descuido. Muchas veces nace de ventas caídas, clientes morosos o tasas de interés insoportables. El Estado no puede actuar como si nada estuviera pasando.
Todas estas medidas harían que el Estado deje de ser un extractor de liquidez que empuja a miles de pequeñas empresas hacia la quiebra, para convertirse en un facilitador de su crecimiento.
Por otro lado, una situación como esta también requiere apoyar la demanda. Muchas pequeñas empresas hicieron inversiones esperando un nivel de ventas que hoy quizás no llegue. El productor agrícola que amplió su siembra, el fabricante local que compró equipos, el suplidor que contrató personal. Si el mercado se desacelera, el gobierno puede usar las compras públicas como herramienta de rescate inteligente, tal como se hizo durante la pandemia. Claro está: esto debe ser temporal, focalizado y medible, para evitar que termine agrandando innecesariamente el Estado.
Podrían diseñarse programas donde el Estado compre productos nacionales para cajas alimentarias dirigidas a estudiantes de escuelas públicas en zonas de mayor pobreza. Eso ayudaría al mismo tiempo a productores locales, pequeñas empresas y familias vulnerables. Es una política pública con doble impacto: económico y social.
Lo tercero es resolver el problema de liquidez. En el país, muchos pequeños suplidores entregan mercancía hoy y cobran meses después. Mientras esperan, deben pagar nómina, energía, combustible, préstamos… y hasta impuestos. Así no hay negocio pequeño que aguante mucho tiempo.
Por eso urge un programa robusto de factoring desde la banca estatal, donde una MIPYME pueda vender sus facturas y cobrar de inmediato a costos razonables. Eso convertiría cuentas por cobrar en efectivo rápido, permitiendo sobrevivir y crecer. Para lograrlo, haría falta integrar el sistema de garantías mobiliarias, modificar el Reglamento de Evaluación de Activos (REA) y reconocer las facturas como activos registrables.
En definitiva, las crisis revelan qué tipo de liderazgo tiene un país. Esta coyuntura internacional representa una oportunidad para modernizar la política económica dominicana y diseñarla desde los zapatos de quienes más luchan cada día. Porque al final, proteger a las MIPYMEs no es solo defender empresas. Es defender empleos, familias y la esperanza de miles de dominicanos.
Fuente: Listin Diario

