República Dominicana busca consolidarse como socio estratégico en un hemisferio en transformación

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La República Dominicana atraviesa un momento clave en su posicionamiento económico y geopolítico dentro del hemisferio occidental, en medio de un escenario regional marcado por cambios políticos y nuevas dinámicas de cooperación internacional.

El pasado 3 de enero, el mundo reaccionó ante la noticia de una operación militar de Estados Unidos que removió del poder al líder venezolano Nicolás Maduro, generando fuertes reacciones en América Latina, donde los gobiernos se dividieron entre quienes apoyaron la acción y quienes la rechazaron. Mientras la región analizaba las consecuencias de este hecho, la República Dominicana continuaba avanzando de manera discreta hacia un rol más relevante en el escenario internacional.

Tradicionalmente conocida por su turismo y su cultura deportiva, la nación caribeña —que comparte la isla La Hispaniola con Haití— ha logrado consolidarse como un espacio de estabilidad política y crecimiento económico en una región caracterizada por la incertidumbre. Con casi 11 millones de habitantes, el país ha mantenido durante cinco décadas un crecimiento promedio cercano al 5 % anual del Producto Interno Bruto, casi el doble del promedio latinoamericano en el mismo período.

Este desempeño ha sido impulsado por reformas económicas estructurales, la protección de la propiedad privada, la inversión extranjera y una economía orientada a los mercados externos, especialmente a través del turismo y las exportaciones manufactureras. Como resultado, el país exhibe un ingreso per cápita superior al de economías más grandes de la región, como Brasil y Colombia, y una trayectoria de crecimiento comparable a la de los llamados “tigres asiáticos”.

El crecimiento económico ha estado acompañado de estabilidad política. La continuidad de políticas públicas favorables a la inversión, respaldadas por distintos gobiernos durante casi 60 años de democracia ininterrumpida, ha fortalecido la confianza internacional y permitido al país asumir un papel más activo en la diplomacia regional.

La relación con Estados Unidos es uno de los principales ejemplos de este acercamiento estratégico. En los últimos dos años, la República Dominicana ha recibido la visita de dos secretarios de Estado estadounidenses, Antony Blinken y Marco Rubio; ha colaborado en operaciones antidrogas en el Caribe facilitando el uso de sus aeropuertos; y ha trabajado con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. en la exploración de posibles depósitos de tierras raras.

Este acercamiento se ha desarrollado durante el gobierno del presidente Luis Abinader, un líder de orientación centroderecha formado en Estados Unidos y actualmente en su segundo mandato. Paralelamente, el país se prepara para acoger la Cumbre de las Américas en diciembre de 2026, ha sido sede de importantes eventos internacionales —como el desfile Pre-Fall 2026 de Oscar de la Renta— y colabora con la empresa tecnológica NVIDIA en la creación de un Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial para Centroamérica y el Caribe.

En el plano económico, el turismo continúa rompiendo récords, con cerca de 12 millones de visitantes en 2025, una cifra que solo sería superada en la región por México. El crecimiento también se refleja en el desarrollo de proyectos turísticos de ultra lujo, como Amanera, St. Regis Cap Cana, y futuros complejos de Four Seasons y Ritz-Carlton.

El sector manufacturero también se perfila como un motor clave, especialmente en el contexto del nearshoring, que impulsa a empresas a trasladar operaciones más cerca de Estados Unidos. Como miembro del acuerdo de libre comercio DR-CAFTA, la República Dominicana atrae a multinacionales interesadas en reducir riesgos en las cadenas de suministro globales. La industria de dispositivos médicos, principal categoría de exportación del país con cerca de 3 mil millones de dólares anuales, evidencia este potencial.

Más allá de estos avances, el país busca insertarse en industrias de mayor valor agregado, como la de semiconductores, promoviendo la instalación de plantas de ensamblaje, prueba y empaquetado. Este esfuerzo podría complementarse con la eventual explotación de minerales estratégicos, integrando al país en cadenas de suministro críticas para Estados Unidos.

En un contexto regional marcado por la crisis en Haití, posibles cambios políticos en Venezuela y la reconfiguración del comercio global, la República Dominicana enfrenta una oportunidad histórica para fortalecer su economía y elevar su relevancia estratégica en el hemisferio.

Según Wenceslao Guerrero Matos, inversionista de capital privado y director ejecutivo de Aureus Partners, la nación caribeña se encuentra en un punto de inflexión que podría consolidarla como un socio clave para Estados Unidos y un actor cada vez más influyente en América Latina.

Fuente: Roberto Cavada